Reseña
Este libro indaga la forma en que, hacia finales del periodo novohispano, las vidas juveniles fueron imaginadas, nombradas y gestionadas en relación con el espacio público. Con ese fin, emprende un recorrido sutil por los pliegues del lenguaje y del poder, allí donde las categorías etarias se desdibujan y las palabras niño, muchacho, joven se intercambian con una ambigüedad cargada de intención. A través del análisis de documentos administrativos, jurídicos y eclesiásticos, el texto explora los discursos que buscaron delimitar esas presencias incómodas, unas veces desde el afecto y otras desde la vigilancia, pero casi siempre desde alguna forma de exclusión. En sus páginas resuenan las tensiones de una ciudad que proyectaba sus ansiedades sobre los cuerpos jóvenes maleables, peligrosos, productivos, esperanzadores. El enfoque articula historia conceptual, análisis del discurso y perspectiva interseccional para mostrar que las palabras, más allá de describir la realidad, la producen. Así, la juventud aparece como una figura móvil, moldeada por la gramática del poder y por los intentos nunca del todo exitosos de encerrar el porvenir en una categoría fija. El cruce entre edad y género, siempre mediado por la clase, revela configuraciones específicas de propiedad, control y disciplina que recaen de manera diferenciada sobre muchachos y muchachas. El resultado es una nueva lectura de las relaciones de poder que se despliegan en el espacio urbano, así como una invitación a contemplar con nuevos ojos una época de transición y sus disputas por el sentido.