Reseña
La mayoría de los relatos del exceso fueron producidos, al menos en germen, en los talleres de creación literaria que tomé por varias temporadas siendo estudiante. De los cuáles sólo destaco a dos, impartidos por escritores chiapanecos por cierto. El primero fue con Eraclio Zepeda, por esa cualidad de ser la apuesta inicial que rompe inhibiciones; y el segundo, con Arturo Arredondo en la Casa de la Primera Imprenta de América. Con Arturo formamos un grupo entrañable de amigos, escritores en ciernes, que nos reuníamos en distintos lugares cercanos al zócalo de la Ciudad de México. En esa década de los 90 también tuve la fortuna de conocer al admirado matrimonio que forman Andrés de Luna y Norma Patiño, escritor y fotógrafa respectivamente, además de académicos de la UAM. Con ellos fue un torbellino de aprendizajes de literatura, cine, exposiciones de arte, música y gastronomía. Andrés, además, me regaló sus impresiones sobre las lecturas de algunos relatos.Después del tamiz de los años, algunos relatos no sobrevivieron, otros se mezclaron o fundieron, y dos particularmente, fueron arrancados por este conjunto. Enviados a desarrollarse más, con mejores personajes y trama relacionada para convertirse en Novelas. Tal fue el consejo que seguí de Arturo y Andrés y por el cual Mefisto, príncipe de las tinieblas, paso de ser un cuento largo de páginas a una novela publicada. Mismo caso para La Maldición heredada, aunque esta decisión fue enteramente mía, que de tener 20 páginas creció a 100 y espera verse publicada en breve.De regreso a los relatos que quedaron contenidos en esta publicación, finalmente fueron contenidos en esta publicación, finalmente fueron fechados al inicio del milenio desde las playas de Tuxpan, que siempre fue mi retiro perfecto para sentarme a escribir en completa armonía y paz, recargándome de energías para los siguientes excesos. Espero disfruten su lectura y el agradecimiento final y rotundo es para que quien tenga estas letras a la vista.