Reseña
El gato no es nuestro. Gentil, permite que vivamos con esa ilusión, pero quienes lo amamos sabemos que la posesión de una vida ajena es un espejismo. Si la posesión fuera posible, seríamos nosotros quienes le perteneceríamos. El gato acompaña y mira desde la distancia insalvable que los humanos creamos cuando nos separamos de los animales, y nos invita a disolverla. Algunos, por momentos, lo logran. Pero para atravesar esa distancia, esa nostalgia del Paraíso hay que ser un poco gato.Alberto Ruy Sánchez nos recuerda que sabemos, de forma teórica y gris, qué es un gato, pero que esa hermosa presencia es, ante todo, Aire y fuego silencio danzante. Misterio y pregunta. Mil respuestas cambiantes.Este libro es una suma de estampas amorosas, de intuiciones y deslumbramientos.Su autor, alegre oficiante de la religión discretamente felina a la cual pertenecemos los aparentes dueños de los gatos, nos cuenta cómo Thor, el pelirrojo fuego que comparte sus nueve vidas con el poeta y su familia, es la diminuta divinidad doméstica que tiende su hechizo de sedosa exigencia sobre cada rincón de la casa y del alma de su dueño, quien registra minuciosamente sus transfiguraciones en dragón, flor, nube, luna, moneda que tintinea al ronronear.Ruy Sánchez evoca a otros escritores, a otros oficiantes que supieron, también, que en el silencio gatuno se cifra lo que no comprendemos del todo el porqué de la vida. La vida y el gato son luz que es claridad y misterio como un libro que al final se cierra.